lunes, 17 de diciembre de 2012


Lo real es un espanto, lo imaginario también”,
Pedro Gil



Desde mi baño veo hombrecitos rojos,
bajan de la ventana y se esconden en las cortinas
Miro aprieto lloro grito
Nadie me escucha
Al lado mi vecino un viejo con parkison mueve las ollas
La casa llora, se exprimen las tablas
es de madrugada, no hay nadie en la cocina
Es parte del silencio, me digo
Es la noche que está inquieta
El sonido del silencio es ensordecedor,
a veces simplemente estalla en nuestros oídos
Yo desde mi baño asesino cucarachas
Sueño en grande, algún día desde mi espalda saldrán alas
algún día seré la princesa, reina de la calle, poeta del desastre.

Cuando lloro lo hago como mi perro
Hablo de ese quejido doloroso sin voz
Anoche me di cuenta, lo de perra lo llevo en el pecho
Lloro como mi perro y alguien soba mi cabeza
Tengo una espina en la garganta que corta palabras
Sin lentes la noche es más noche,
confundo ángeles con moscas, arañas con pájaros
Mis ojos inservibles quitándome la vida,
quitándome el rojo, volviéndolo todo gris, volviéndolo todo heridas.

Duermo con la felicidad y me da la espalda
Es difícil consentirla consentirme
callar lo que no se dice silbar desde la ventana
Veo cuadros negros y cabellos rubios por todo el cuarto
Sudo y elijo caminar de puntillas
Pienso en el rey de la soga y en el teatro que se me viene
¡Bingo! Estoy enferma.
Sí, para los que no lo sabían, la poeta de sana no tiene nada
Me lo digo, me lo repito, ja, ja, estoy lista para el banquete
tranquila Yulita, que la literatura no perdona,
tranquila que allá no hay finales felices ni copas rotas,
allá sólo están los gallos que cantan cuando anochece
y vasos que se arrastran de noche mientras otros duermen.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Seis horas de diferencia



Y entonces abro las ventanitas para ver si hay alguien afuera

me encuentro con una mujer minúscula y mugrienta.

Ella lleva el pelo una estopa, la cara aplastada y granos en todas partes

me mira desde su tejado y me enseña la hora:

once y cuarenta y cinco,

allá ya está amaneciendo y acá todavía los gatos vuelan.



Mi cabeza le pertenece a esta ventana, mi cuerpo a la casa.

Adentro el aparato eléctrico desgasta miradas,

mientras tanto veo elefantes en los cordeles, danzando y

danzando para mí,

de noche las luces nunca mueren, pienso,

pienso y sonrío porque el elefante carece de equilibrio.


Seis horas condicionan a la mujercita,

seis horas envueltas en mi boca a punto de estallar.


En el callejón de la vecina la espera su perra,

las tetas rozan el piso mientras saluda a su dueña.

Está llena de malos olores y heridas en el cuerpo.

No camina, se arrastra, se arrastra y huele el trasero de su dueña

“Princesa” se llama la perra.

Las veo marcharse y de nuevo la hora:

once y cuarenta y cinco en este país de muñecas de trapo.

Pausa: debo tildar unas cuantas palabras, luego regreso.

Debo además sacudirme los animales que por mi pantalón suben,

debo fijar la mirada en el punto blanco del cuadro,

ese punto que se supone soy yo.


Abajo sólo hay vacío y caras largas como escopetas,

con esta historia te saldría un gran poema, me dicen

me dicen también que los críticos me auguran un buen futuro,

la mujer de en frente dice que no con el dedo,

menea su dedo negro y luego hurga debajo de su vestido.

Ríe y danza entre los ladrillos porque sabe que allá es de día,

porque sabe que seis horas más tarde no habrá poeta ni futuro.

Una sonrisa muerta es todo lo que queda

cuando las piernas se cansan y la enfermedad apremia,

desde adentro escucho a alguien que pide que cierre la ventana,

volteo y la mujer está ahí: besando a mi hombre, consumiendo mis
horas.

jueves, 5 de julio de 2012

El día en el que se hizo el silencio

 

Uno siempre escribe en la cabeza y en el papel nada. La tinta no quiere ser tinta y las historias madrugan en lugares fríos, distantes, oscuros y silenciosos. ¡Las historias y el silencio! Una irónica combinación, tan larga y tan dolorosa como los días de ayuna obligatoria. En una ocasión percibí el silencio de manera curiosa, diferente y pausada. Ha sido en el bus mientras iba leyendo camino al trabajo. Iba sentada con el libro en mano. Generalmente me ubico en los asientos de mi derecha para no recibir el sol. He leído que dos veces en junio y dos veces en diciembre, el sol alcanza su mayor o menor altura aparente en el cielo. Lo debo tener en cuenta para la próxima, esos cuatro días no leeré en el bus. ¡No puedo leer si el sol me aplasta toda la cara! Yo sé perfectamente en qué asientos se impregnarán los rayos con sólo observar su posición. Como siempre va a salir por el Este, yo calculo inmediatamente sus rayos y me ubico en los asientos de mi derecha, donde acecha con toda su fuerza. Luego, cuando el bus realiza varios giros, hasta lograr salir del lugar donde vivo, y avanza por la vía 4 de Noviembre, donde por fin sigue su recorrido de manera lineal, sin volverse a desviar, los rayos se ubican en el lado opuesto, y es cuando puedo abrir mi libro y comenzar a leer en paz. Pero ojo, no siempre prefiero sentarme en los asientos de la derecha, sobre todo porque la subida me queda en frente, y como siempre me gusta sentarme adelante, obligatoriamente tengo que cortar la lectura cuando por accidente, las personas que suben me pisan el pie, o pasan rozando mis zapatillas. Lo detesto. Por eso, cuando no hace sol, prefiero ubicarme en los asientos de mi izquierda, preferiblemente en el primero, el que queda junto a una ventana grande casi detrás del chofer. Sólo nos separa una lámina de vidrio oscuro. Viajo en la misma línea y conozco a todos los buses, a sus choferes y a sus oficiales. Lo mejor de este asiento es que es unitario y puedo darle dos funciones: me sirve para leer y dormir. De mi casa al trabajo hay 45 minutos. Cuando decido dormir, es porque la noche anterior ha sido complicada. Insomnio, golpes, sueños, café, bebidas, traumas, hambre, desorden en el piso, etc. De manera que si voy leyendo, significa que 12 horas atrás, había podido conciliar el sueño. Nadie me conoce tanto como para llegar a tal conclusión. Mi rutina a veces apesta. Sólo vale la pena cuando puedo concebir el silencio. Las letras en mis ojos y el mundo desaparece. Cuando no es tan bueno lo que leo también me duermo. Prefiero eso en vez de ir pensando. Las personas piensan más cuando viajan. Todos en silencio y pensando. Algunos hablan con el de al lado. Otros gritan, otros se creen cantantes de tarima. Suben a vender caramelos, te ofrecen dulces, discos, billeteras, sueños, miseria. Se rascan la cabeza y luego se huelen el dedo. También se comen las uñas. Las miradas van clavadas en las ventanas de vidrio como si a través de ellos miraran el pasado, como si a través de ellos encontraran todas las respuestas. Muchos se lamentan, miran el reloj y se impacientan. Viajar en bus es difícil. También huele feo y hay mucha tierra. Si vas de pie te van rozando y si vas sentado las mujeres te golpean en las mejillas con sus tetas. Cuando hay gente vieja huele a gente vieja, cuando suben jóvenes huele a ropa nueva y perfume chimbo. Es difícil. Pero ese día, cuando el ruído desapareció, pensé que estaba en el lugar más confortable del mundo. Del caos nace el silencio. Te sujeta y todo se vuelve nada. Te embriaga y se adueña de ese asiento. ¡Pas! De repente no hay bulla, de repente todos los pasajeros están jugando a las estatuas y las partículas de polvo se han quedado levitando en el aire. Fue hermoso, hasta casi lloro. Los vendedores no pronunciaban ni una palabra y las envolturas de los caramelos brillaban. El silencio. Y se hizo el silencio diría Pedro Sancho. Y yo no quería bajarme del bus. Quería que el viaje fuera infinito, quería quedarme en él porque había encontrado lo que dejé en la cama cuando era niña y se aproximaba la hora de dormir. Bajé del bus y una avalancha se me vino encima, es desastroso todo, especialmente la oficina, donde todo el mundo grita.


                               


                                        Cuadro: Kandinsky y la armonía del silencio

viernes, 13 de abril de 2012

Relato de un hombre que nunca para


"Sabe, yo empecé a masturbarme desde los 15 años. En la adolescencia fueron muchas, muchísimas las veces que lo hice. Interminables. Mis imágenes principales fueron una prima, una vecina, una compañera del colegio. Creo que una vez me masturbé seis veces en el día. ¿Qué loco no? Tirado en la cama dale y dale. Después llegaron las mujeres y bueno disminuyó el trabajo con la mano. Tengo 42 años y todavía me masturbo, y no me avergüenza hacerlo, es normal aunque a muchos le asusta. Claro, ahora una vez al mes, tal vez. Es normal aunque no lo crea. Más de lo que usted se imagina. Y sí, si se siente igual, depende. Hoy me gustó mucho porque sabía que usted lo sabía. Me hubiese gustado más si hubiese cogido el teléfono. Cuando era adolescente era más intenso. Uno amanecía amarillito y la madre de uno le hacía caldo de gallina porque pensaba que uno andaba bajo de sangre. ¿Usted hasta cuántas vez se ha masturbado en un día? Sabe, ahora recuerdo algo. Una vez yo invité a una chica a hacer el amor. Ella estaba casada y el marido trabajaba lejos. Lo hicimos en el patio de su casa, era un lugar cerrado así que no, nadie nos vio. Yo había tenido sexo el día anterior, así que le pedí que nos masturbáramos. Digo, no es que no tenía ganas de hacerlo, claro que sí, pero tomando en cuenta que lo había hecho el día anterior quería algo diferente. Entonces comenzamos y nunca paramos. ¿A qué edad se masturbó por primera vez? Yo tuve una pareja que nunca se había masturbado. Y cuando estuvimos lo hicimos pero por teléfono, tres veces, creo. Una vez ella estaba en la sala de la casa y su familia en la cocina. Fue como a las siete de la noche. Ella fue la que lo propuso. Yo siempre he sido como muy nervioso pero esa chica era muy buena que era imposible decir que no. Fue chistoso, la familia ni se enteró, al rato me invitaron a comer y cenamos pollo con arroz y cola. ¿Dónde le gusta masturbarse más y por qué? Mire, si usted me cuenta algo sorprendente le contaré algo mío que nadie lo sabe, algo que he guardado por mucho tiempo. ¡Me ha acostado tres veces con una chica de mi trabajo! No le puedo decir el nombre, bueno, si usted me cuenta un secreto, puedo pensar en darle el nombre de ella. Pero sólo entre nos, dígame ahora que me puedo arrepentir, yo le juré a ella que me iría a la tumba con eso. Pero yo confío en usted, así que dele. Sabe, yo he estado con tres personas en mi trabajo. Una era mi exnovia, íbamos a mi oficina en las noches, la otra una chica que llegó a hacer prácticas con las piezas, era lesbiana, pero tenía buenas tetas y la otra, (subiendo los brazos hasta sostenerse la cabeza) la otra, es de la que estamos hablando, y estoy dispuesto a intercambiar secretos. Usted pensará que yo soy un hombre que nunca para, en realidad he cambiado, todo esto fue hace más de un año. Pero basta de hablar de mí. Oiga, ¿se acuerda de la chica del laboratorio de aquí a la vuelta? ¿Que le di una vez una tarjeta para que me llamara? Bueno, nunca lo hizo, pero cada vez que paso por allí me mira. Sé que le gusto y espera que dé el primer paso. No lo hice antes y no voy hacer ahora.
Pero ahora fui a comprar un 220 y yo iba distraído y ella se estaba maquillando y me miró. De regreso yo miré y me clavó la mirada como diciendo: "atrévete, habla conmigo".
Me dije ¿y si me regreso y le pido su número de teléfono? No lo hice.
Sabe, se lo puedo jurar, esa mujer está deseosa de un hombre. Y no está nada mal. Y me nació esta fantasía: ella pasa sola en ese laboratorio, y pensé en ir una tarde, meternos en el cuarto y empezaría a besarla y tocarla. Ella diría que no lo haga, pero le gustaría.
Creo que en una segunda ocasión ella dejaría que yo le haga el amor allí en ese laboratorio. ¡De locos, está para morirse!, pero bueno, hablemos de cosas menos sorprendentes, dígame cuándo fue la última vez que hizo el amor, y si se ha masturbado en su trabajo, quiero saber cuántas veces y cuándo fue la última vez, dígamelo, dígamelo por favor".


ERNEST DESCALS-PINTOR

martes, 10 de abril de 2012

La fiesta


Los doctores dicen que tengo buena vena,
¿será que por ahí me quieren inyectar la locura?
Desde esta camilla todo luce tan blanco
si rasgo las paredes seguro el mundo se viene encima
llenaría la habitación y toda la pestilencia se atascaría en la puerta
que no me haga nudos me piden
no me los hago, ellos me hacen
yo sólo espero paciente mientras hace frío
¿quiere una colchita?
No.
¡Qué se congelen las rajas y las hendijas!
que abra la puerta y que se venga el doctor con toda su blancura
el cosquilleo no para,
siento al líquido transparente por todas partes.
“Ya pasó lo peor” y golpea mis piernas
¿A qué hora?
¿En qué momento ha pasado sin que me haya hecho señas?
En todo el cuarto hay hojas de advertencia
y no es que uno se crea la importante
pero es que me han vestido de gris
y esto no es una fiesta.
¿Dónde está el payaso?
¿Dónde está mi madre con la torta y con su cara de sorpresa?
¿Dónde están mis amigos, los borrachos, los infieles y los santos?
Por lo menos mírenme, mirénme,
díganme por qué todos hacen la danza verde
¿Por qué abajo pica y arde?

Se duerme todo:
se duermen las tierras si el sol cambia de color;
se duermen los fierros de mi padre al sonar las doce;
se duermen las semanas santas y patetismo de la familia;
se duermen tus hijas sin entrellitas en el cielo;
se duerme el piso con todo y zapatos;
se duerme el plástico de sus ojos y las arrugas de mis manos;
se duermen tus reclamos sobre el mantel de la mesa,
todo pasa y todo queda
mea culpa jovencitos, mea culpa.

martes, 3 de abril de 2012

La cosa


la cosa la tenía en la boca. por ahí me entró aquella tarde cuando jugaba a ser cantante en el momento que frotaba mi ojo. luego la cosa se me fue yendo al estómago y ahí se quedó muchos años mendigándole a mis huecos. nacía la sangre y la cosa me miraba de lejos y me ponía cara de me gustas mucho, cuánto vales, y yo rezaba con mucho empeño para que la cosa se fuera y por fin pudiese ir hasta la montaña de mi casa, para ver cómo huelen los árboles un lunes por la mañana, en un espacio donde todos la consumen para soñar con personas buenas vestidas de ramas. ahhh la cosa sabía muy bien cuáles eran mis debilidades, me hacía arrastrar por el suelo haciéndome romper con mis manos la cajita de sorpresas. siempre hay piedras debajo de las lágrimas. muchas veces intenté ser humano, muchas veces intente ser gusano, pero siempre la cosa se encargaba de tragarse los cuentos que un día compuse para todos los bultos que andan por la calle comiéndose las horas. un día la cosa me dejó pensando, entonces fui a mi altar, comencé a volar, me sentía bien, al principio pensaba y volaba, a veces sólo hacía una cosa, a veces pensaba en ambas cosas mientras escribía, y fue ahí cuando la cosa comenzó a subirse en la cabeza, y yo sentía un cosquilleo en la nuca y deseé irme lejos en ese momento, luego recordé al cuerpo más espantoso que había visto en mi vida y aún estaba entre mis sábanas. qué curiosa que es la vida que de repente un día te encuentras con las patas arriba y comienzas a pensar en por qué la dejaste ir sin ni siquiera ofrecerle un pedazo de chocolate, y llegas a la conclusión de que todo es aburrido y horrible. comer culiar y cagar decía mi abuela, y en ese mismo orden se ha seguido haciendo hasta ahora. apuesto que si yo le pregunto qué hace aquí a esta hora, cuando debería estar en algún lugar del planeta reciclando insectos, no sabría qué decirme y terminaría por mirar la cosa y comenzar a llorar porque es duro ser joven y que te toquen a diez por palabra.
la cosa me ha puesto fría y estoy nerviosa, abro la puerta respiro aire de bar mal oliente a la una de la mañana y comienza a reventarse el corazón como las marimbas de una salsa. entonces me desespero y dando un par de pasos saluda a mi cara por la ventana. la cosa es licenciada en alguna ciencia de no sé qué, pero me está dando duro, llámenlo como quieran, pero lo cierto es que no quiero que amanezca, mínimo cuando amanezca estaré sonriendo de nuevo y pensando que todo fue un mal sueño, un sueño a falta de sueños, un sueño que hizo temblar la cama y como yo tenía la cosa encima, pensé que era algo de la naturaleza, porque aunque parezca mentira la cosa no es tan mía a pesar de que yo sea de ella. me ha comenzado a doler el mate y el ojo derecho de vez en cuando, las tildes se caen de mis manos, yo no quiero hacerlo pero voy tildando casi que a la fuerza, es como si alguien me dictara como si fuera secretaria de algún mal muerto. sigo pensando que lo mejor es irme donde no hayan ojos ni cabezas, porque a la cosa le gustan mucho, por eso es que la tengo donde la tengo, comiéndose todos los cultivos que algún día sembramos cerquita de la tierra. la cosa sabe de amores, me ha dicho que no le crea a ningún hijueputas, que no haga nada, que me quede quieta, que no respire, que no llore, que no tire, que no reclame, que no me vista, que ni me pinte, callada, callada y moviendo las huellas como las llantas de una carreta vieja. quiero engañarla, quiero seducirla, besarla, hacerle creer que me ha conseguido, pero la cosa tiene una inteligencia suprema, ahora mismo tengo la cara hinchada, la cabeza bailotea y ella sigue encima mío dictando y borrando líneas como si esto se tratara de una broma, como si no tuviera que regar las plantas, mirar las cucarachas de la cocina, ser y parecer, es que solamente con ser no se saca nada, uno también debe parecer, de vez cuando, pero parecer. le digo que me suelte, por un día, un día es lo único que pido y después de eso bailamos y con faldita si quiere. ella me mira, suspira, con una sonrisa pinta entre sus labios un tranquila nena, se mete entre las piernas, ahí se queda.

Todas las mujeres en el mismo día


Sentada en este abismo me doy contra el teclado
camino por las ondas de tu pelo, curo las sábanas
limpio el piso, hago la tarea y la hago mal
tus palabras regresan como quien lleva arrastrando latas viejas,
¡eres el sol mismo que se ha venido a la tierra!
eres el diablo, el dios, la máquina y la cabeza,
cuántas cosas eres y aún te presentas como humano,
contigo la niñez vuelve a su sitio
no hay horas,
se escapan y reposan en cualquier parque barato
los cuadros ríen, el pincel habla
de las paredes salen mariposas con ojos y bocas
hasta ese ridículo ritual disfrazado de juerga
me cae bien un lunes por la tarde
mientes, sonríes, montas.

¿Qué es esto?
¿Denuncias de hembras locas, fieras, sedientas, hartas?
Que sea todo, que se pinte como quiera,
que sea todo menos un poema/vela
versos que se transforman, manos que tiemblan,
el verbo se congela y la saliva se aloca,
piden, exigen que encienda la mecha
y yo no quiero la verdad,
tengo suficientes centavos en la almohada
y zapatos fríos en la esquina de la puerta.

Esto no es un canto de amor, esto es todo lo que detestas
porque soy, sí soy, léeme bien,
soy mierda cuanta mierda me sienta
patética, lenta, autosensible,
mi idea es mutilar a la moral y a su calle chueca
soy la víctima y soy la guerra
soy todas las mujeres en el mismo día
necesito del canto como los pies a la arena
lloro hasta disolver la vida misma
bailo y no me hacen falta vestidos de flores
¡ay de mí si me vieras cuando el río suena!
atrás no sólo hay ropas de colores que guindan,
no sólo están un par de ojos de noches infinitas,
está una que patalea y te hace señas
está una que no es nada importante, en realidad,
un par de huesos, pelo esponjoso, locuras a medias,
pero que lleva sus piernas galopando frontera tras frontera
que es capaz de recoger tus pasos así tengas la cara vieja,
que ríe con un chiste malo hasta lograr mover la tierra
¿deseas un conjunto de estupideces bien perfumadas?
Tranquilo querido, hay muchos frascos a la vuelta.